El Tejido
Un espacio donde tejemos las voces de periodistas de base, defensores de la tierra, y otros activistas por la justicia social.
El Blog del Tejido
La Otra Cara de las Migraciones Que es Ignorada - Deliberadamente
El economista Fernando Luengo identifica y analiza las causas de fondo que están detrás de los movimientos de población.
Reparto de alimentos organizado por Oxfam en Sudán del Sur. (Foto: Pablo Tosco / Oxfam Intermón)
Este artículo fue publicado originalmente por La Marea el 6 de febrero de 2026.
Tejedores de Vida: Constanza Carvajal - Una Voz en el Territorio Ante la Gran Minería
En Putumayo, uno de los departamentos de la Amazonia colombiana, hace parte de un movimiento social que se enfrenta contra el extractivismo multinacional.
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Hace un poco más de 20 años que Constanza Carvajal ha trabajado por los derechos humanos, como parte de su desempeño profesional, pero también como voluntaria, tanto con pueblos indígenas como con campesinos.
En Putumayo, uno de los departamentos de la Amazonia colombiana, hace parte de un movimiento social que se enfrenta contra el extractivismo multinacional de la compañía Libero Copper que llegó en 2018 — una de las empresas que ha obtenido la concesión minera desde el año 2006. La compañía cuenta con cuatro títulos mineros — una forma de blindar su operación e impedir que movimientos sociales hagan un seguimiento a su intervención nefasta en el país.
Sonriendo, en la Vereda Monclart área de uno de los títulos mineros. (Foto cortesía de la entrevistada)
Constanza hace parte de este movimiento desde hace diez años y es una de las voces que desde los territorios llevan tiempo rechazando la gran minería, o minería a gran escala denominada como “minería bien hecha” por parte de quienes usufructúan de ella. El movimiento se opone a estos proyectos debido a los efectos nocivos que tienen para la Madre Tierra, los derechos humanos, y las vocaciones agrícolas de los distintos lugares a donde llegan para explotar sin misericordia las entrañas de la tierra, pagando sueldos menores de los pagarían en sus países y generando unas regalías para Colombia que no compensan el daño que le causan a la tierra.
La comunidad ha incluido dentro de su repertorio de acción política el lobby legislativo y se logró en el año 2018 promulgar el Acuerdo municipal 020 de 2018,norma de menor jerarquía que las leyes departamentales y nacionales, que declaró la protección ecológica y cultural del patrimonio de este municipio. Sin embargo, también es vital recordar que ese mismo año la Corte Constitucional colombiana a través de la Sentencia SU-095 de 2018 aclaró que los municipios no tienen la potestad para impedir la minería, puesto que el subsuelo es propiedad del Estado y los municipios no tienen poder de veto.
Pero a pesar de esto, Constanza y el resto de la comunidad siguen resistiendo y enfrentando a la multinacional que ha tratado de persuadirlos ofreciendo regalos y dádivas para ganarse la aprobación social por medio de su estrategia del buen vecino para disuadir la resistencia social frente a una actividad legal, pero ilegítima, y el tejido social que ha existido entre ellos.
En la cuenca alta del río Mocoa, camino ancestral Sachamates. (Foto: Camilo Barrera, cortesía de la entrevistada)
Desde este territorio considerado parte de la estrella hídrica de Colombia y cuya explotación — una vez que obtengan la licencia ambiental — afectaría el hogar de diferentes especies de aves y mariposas que embellecen esta zona del país, siguen esperando la cancelación definitiva de los títulos por parte del gobierno. Es algo difícil de lograr ahora por cuanto la actual administración terminará en unos pocos meses y habrá elecciones en Colombia, donde desafortunadamente se espera un viraje a la derecha o extrema derecha considerando el panorama geopolítico en la región con las acciones imperialistas del presidente Trump de los Estados Unidos.
Lo que esta lideresa y sus compañeros reclaman es que la Agencia Nacional de Minería devuelva esos títulos al territorio, una posibilidad casi imposible en un país que, para proteger el extractivismo bajo el eufemismo del “desarrollo”, declaró la minería como actividad de utilidad pública e interés social según el artículo 13 de la Ley 685 de 2001. Pero pese a esa barrera legal, ellos no se rinden: siguen resistiendo para que la Madre Tierra conserve su integridad, para que las montañas respiren en paz y los minerales permanezcan quietos, enterrados en su silencio eterno, lejos de las manos que buscan arrancarlos de sus entrañas.
Los Principales Responsables del Cambio Climático Son Los Ricos...¡Que No Nos Engañen!
El economista Fernando Luengo escribe en InfoLibre (1 de enero de 2026).
Image: Juan Marin via Unsplash.
Este artículo fue publicado originalmente por InfoLibre el 1 de enero de 2026.
Guerras y Más Guerras
Año 2026. Los poderes siguen instigando las guerras. Cualquier opinión disonante es linchada, vocablo referente al “patriota de la Guerra de la Independencia” el coronel Charles Lynch, del siglo XVIII, quien asesinaba sin juicio a opositores y población afroamericana, violencia sin ley.
Protesta del MOC-València en la feria Expojove, diciembre 2025 (Archivo MOC-València) CC BY-SA.
Este artículo fue publicado originalmente por El Salto el 8 de enero de 2026.
Tejedores de Vida: Mónica Solarte Moreano - Guardiana de la Semilla y la Memoria del Pueblo Iguailik
Awá de nacimiento, Polindara por adopción
Mónica Solarte Moreano. (Fotos cortesía de la entrevistada)
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Mónica Solarte Moreano tiene 51 años y es madre de dos hijas y un hijo. Es Awá de nacimiento y, como ella misma afirma, Polindara “de lucha”. Vive en este territorio desde 1998, está censada allí y su reconocimiento como Polindara se consolidó tanto por su convivencia con un Polindara como por la decisión de la asamblea que la aceptó. Oriunda de Altaquer, es Polindara por adopción porque este pueblo la respeta como mujer y como profesional.
El territorio ancestral original de este pueblo abarcaba aproximadamente 34.000 hectáreas, de las cuales fueron despojados por una familia del departamento del Cauca, al sur de Colombia. Actualmente, el territorio comprende 2.222 hectáreas, a las que se suman otras 22 hectáreas recuperadas por los comuneros. En los últimos 20 años, la comunidad ha logrado sanear —es decir, resolver conflictos sobre territorios en disputa— y adquirir otras hectáreas mediante compra.
El reconocimiento oficial del pueblo se dio en agosto del 2014. Este reconocimiento tardío obedeció, en gran parte, a la pérdida de la identidad, ya que durante años muchos de sus integrantes no se autoidentificaban como indígenas. Sin embargo, en 1998, con la elaboración de su plan de vida, jóvenes y mayores iniciaron un proceso de reflexión y acción para fortalecer su autonomía organizativa, permanecer en el territorio y reconocerse como un pueblo distinto de otros pueblos originarios vecinos, como los Nasa, Kokonucos, Misak y Totoroez.
Iguailik: la gente del agua
Este pueblo se caracteriza por ser obstinado, de pensamiento claro y rápido, y belicoso. Físicamente, sus integrantes son de baja estatura, fuertes, de cabello negro y lacio; en el caso de las mujeres, la mayoría lleva el cabello largo. Como otras mujeres Polindara, Mónica es cuidadora de la Madre Tierra y de la “semilla” vegetal, animal y humana. Desde este rol transmite conocimientos, el uso de plantas medicinales y la práctica de rituales.
Este proceso de reafirmación permitió precisar que el verdadero nombre del territorio es Iguala y que el nombre del pueblo no es “Polindara”, sino Iguailik, que significa “gente del agua” o “gente Polindara”. Según su ley de origen, son hijos del agua y nietos del viento.
Para el pueblo Iguailik existen tres espacios. En el primero se nace desde los principios del cosmos y el amor; en el segundo se convive con todos los seres vivos; y en el tercero se regresa al cosmos como consejeros y acompañantes. Con quienes habitan este último espacio se relacionan mediante rituales y sueños.
Semillas, cocina y resistencia
La relación con la Madre Tierra se expresa a través de rituales realizados por el Makuko, médico tradicional, y por las familias según su ciclo de vida. Durante el embarazo se realizan rituales de protección para el bebé, evitando las aguas de arco —aguas amarillas con alta concentración de minerales— y los derrumbes, considerados espacios de “mala hora”. Al nacer, el ombligo del bebé se entierra entre las tulpas del fogón para asegurar su arraigo al territorio.
Mónica cultivando la semilla de la identidad y el saber ancestral en los menores.
La defensa de la Madre Tierra incluye la protección de las semillas propias y el rechazo a especies foráneas como el pino y el eucalipto. Para el pueblo Iguailik, no hay mejor forma de conservar las semillas que mantenerlas vivas en las huertas familiares. Mónica promueve entre sus estudiantes la recuperación de la gastronomía tradicional y la preparación de alimentos como la calabaza, la batata, la arracacha, los ullucos, la majua, la oca, el zapallo y la sidra, alrededor del fogón, espacio de alimento, palabra y consejo.
Mónica exhibiendo los alimentos con semillas tradicionales.
Para este pueblo, los animales, las plantas y las rocas tienen el mismo valor que los seres humanos. Algunos animales son considerados mensajeros: el chiguaco advierte sobre posibles peligros y la serpiente anuncia partidas o ausencias. Las plantas, frías o calientes, dulces o amargas, cumplen un papel central en la medicina tradicional, siempre de acuerdo con la necesidad.
Confluence/Confluencia
Una colaboración de Weave News y Talking Wings para tejer la voces de guardianes de ríos de todo el mundo.