El Tejido
Un espacio donde tejemos las voces de periodistas de base, defensores de la tierra, y otros activistas por la justicia social.
El Blog del Tejido
Tejedores de Vida: Mónica Solarte Moreano - Guardiana de la Semilla y la Memoria del Pueblo Iguailik
Awá de nacimiento, Polindara por adopción
Mónica Solarte Moreano. (Fotos cortesía de la entrevistada)
Read the English version here.
Mónica Solarte Moreano tiene 51 años y es madre de dos hijas y un hijo. Es Awá de nacimiento y, como ella misma afirma, Polindara “de lucha”. Vive en este territorio desde 1998, está censada allí y su reconocimiento como Polindara se consolidó tanto por su convivencia con un Polindara como por la decisión de la asamblea que la aceptó. Oriunda de Altaquer, es Polindara por adopción porque este pueblo la respeta como mujer y como profesional.
El territorio ancestral original de este pueblo abarcaba aproximadamente 34.000 hectáreas, de las cuales fueron despojados por una familia del departamento del Cauca, al sur de Colombia. Actualmente, el territorio comprende 2.222 hectáreas, a las que se suman otras 22 hectáreas recuperadas por los comuneros. En los últimos 20 años, la comunidad ha logrado sanear —es decir, resolver conflictos sobre territorios en disputa— y adquirir otras hectáreas mediante compra.
El reconocimiento oficial del pueblo se dio en agosto del 2014. Este reconocimiento tardío obedeció, en gran parte, a la pérdida de la identidad, ya que durante años muchos de sus integrantes no se autoidentificaban como indígenas. Sin embargo, en 1998, con la elaboración de su plan de vida, jóvenes y mayores iniciaron un proceso de reflexión y acción para fortalecer su autonomía organizativa, permanecer en el territorio y reconocerse como un pueblo distinto de otros pueblos originarios vecinos, como los Nasa, Kokonucos, Misak y Totoroez.
Iguailik: la gente del agua
Este pueblo se caracteriza por ser obstinado, de pensamiento claro y rápido, y belicoso. Físicamente, sus integrantes son de baja estatura, fuertes, de cabello negro y lacio; en el caso de las mujeres, la mayoría lleva el cabello largo. Como otras mujeres Polindara, Mónica es cuidadora de la Madre Tierra y de la “semilla” vegetal, animal y humana. Desde este rol transmite conocimientos, el uso de plantas medicinales y la práctica de rituales.
Este proceso de reafirmación permitió precisar que el verdadero nombre del territorio es Iguala y que el nombre del pueblo no es “Polindara”, sino Iguailik, que significa “gente del agua” o “gente Polindara”. Según su ley de origen, son hijos del agua y nietos del viento.
Para el pueblo Iguailik existen tres espacios. En el primero se nace desde los principios del cosmos y el amor; en el segundo se convive con todos los seres vivos; y en el tercero se regresa al cosmos como consejeros y acompañantes. Con quienes habitan este último espacio se relacionan mediante rituales y sueños.
Semillas, cocina y resistencia
La relación con la Madre Tierra se expresa a través de rituales realizados por el Makuko, médico tradicional, y por las familias según su ciclo de vida. Durante el embarazo se realizan rituales de protección para el bebé, evitando las aguas de arco —aguas amarillas con alta concentración de minerales— y los derrumbes, considerados espacios de “mala hora”. Al nacer, el ombligo del bebé se entierra entre las tulpas del fogón para asegurar su arraigo al territorio.
Mónica cultivando la semilla de la identidad y el saber ancestral en los menores.
La defensa de la Madre Tierra incluye la protección de las semillas propias y el rechazo a especies foráneas como el pino y el eucalipto. Para el pueblo Iguailik, no hay mejor forma de conservar las semillas que mantenerlas vivas en las huertas familiares. Mónica promueve entre sus estudiantes la recuperación de la gastronomía tradicional y la preparación de alimentos como la calabaza, la batata, la arracacha, los ullucos, la majua, la oca, el zapallo y la sidra, alrededor del fogón, espacio de alimento, palabra y consejo.
Mónica exhibiendo los alimentos con semillas tradicionales.
Para este pueblo, los animales, las plantas y las rocas tienen el mismo valor que los seres humanos. Algunos animales son considerados mensajeros: el chiguaco advierte sobre posibles peligros y la serpiente anuncia partidas o ausencias. Las plantas, frías o calientes, dulces o amargas, cumplen un papel central en la medicina tradicional, siempre de acuerdo con la necesidad.
Tejedores de Vida: La Tierra que Siente y Escucha
La trama de la Vida Awá en Katsa Su
Tejedores de Vida (Weavers of Life) es una nueva serie de artículos bilingües que recopilan las historias de personas y grupos que defienden a seres no humanos. La serie es una colaboración entre Weave News, Talking Rivers y la autora Johana Fernanda Sánchez Jaramillo.
Lea la versión en inglés aquí.
Fuente: Johana Fernanda Sánchez Jaramillo, Los derechos de la naturaleza y su repercusión en la defensa de Katsa SU del pueblo Awá en Nariño (Colombia) (Editorial El Rosario, 2024).
Hace cuatro años estuve por primera vez en Katsa-Su, que en Awapit significa Casa para los Awá, un lugar donde todo lo que vive es gente. De la mano generosa de personas del Resguardo de Magüí, me introduje en un universo donde la familia comprende también a los árboles, los ríos, las montañas y las cascadas.
El pueblo Inkal Awá, gente de la selva, está ubicado en el suroccidente del departamento de Nariño (Colombia) y el noroccidente de Ecuador en aproximadamente 610 mil hectáreas, la mayoría en Colombia.
Este pueblo originario era uno solo antes de que se constituyeron los países que conocemos como Colombia y Ecuador. Vivían en un solo territorio, en el departamento de Nariño, una pequeña franja en el departamento del Cauca, en Colombia, y en las provincias de Imbabura, Carchi y Esmeraldas en Ecuador.
Vivir bonito en los cuatro mundos: la armonía que guía a los Awá
Fuente: Unidad Indígena del Pueblo Awá (UNIPA), Agenda Awá 2023.
En la cosmovisión Awá existen cuatro mundos. El primero, el de los seres pequeños, como el armadillo y la hormiga; en el segundo, caminan los Awá; en el tercero, los acompañan los espíritus y, en el cuarto, está el creador de todo.
Es en ese contexto que los Awá procuran vivir bonito, Wat Uzán, como lo hicieron sus ancestros y conservar el equilibrio que les fue heredado por sus mayores. Sin embargo, esto representa un reto enorme en Colombia, un país donde siempre se encuentran bajo fuego a causa del conflicto armado, que parece interminable, donde actores ilegales disputan su territorio. No es una tarea fácil mantener el tejido social en medio de actores armados ilegales que utilizan la ubicación estratégica del resguardo de Magüí, especialmente, como corredor estratégico para sacar la cocaína procesada, sin su consentimiento, en las entrañas de Katsa Su.
Aun cuando es difícil y a veces peligroso, mujeres y hombres integran la guardia indígena ambiental un grupo que recorre la Casa Grande con el fin de salvaguardarla de los golpes que le ha dado la violencia y que la han enfermado. Con amor, firmeza y compromiso estas personas asumen voluntariamente esta labor que incluye recorridos en las seis veredas que integran el resguardo, charlas sobre las consecuencias de los cultivos de uso ilícito, de contaminar, deforestar e interactuar con actores armados y, además, enseñan también a niños y niñas, a partir de los 5 años de edad, a respetar a Katsa Su y a seguir sus pasos cuando sean mayores.
El lenguaje de la selva: seres que se escuchan entre sí
Fuente: Johana Fernanda Sánchez Jaramillo, Los derechos de la naturaleza y su repercusión en la defensa de Katsa SU del pueblo Awá en Nariño (Colombia) (Editorial El Rosario, 2024).
Desde temprana edad, niños y niñas aprenden del trabajo de los adultos el compromiso tatuado en sus almas del cuidado del lugar donde han recreado su vida Awá a lo largo del tiempo.
Esa protección es posible gracias a que ellos hablan el lenguaje de la selva, de la montaña. La comprenden como nadie y entienden a los seres con quienes comparten el espacio- tiempo, los escuchan con atención y les permiten guiarlos. En Katsa Su toda forma de vida cumple un rol importante en el sostenimiento de la vida.
Estos seres, los orientan. Algunas aves dan la hora, otros les aconsejan salir o no salir. De manera sutil, pero perceptible y clara, Katsa Su/Casa Grande/ Madre tierra, los cuida y quiere como una madre, y también les hace saber cuándo está triste, enferma o contenta, el árbol sangra cuando está lastimado y los ríos les exige respeto y pedir permiso para conocer sus misterios. Ante la visita con malas intenciones, la montaña se cierra, se nubla, hace perder al visitante.
Los Awá son, para mí, una fuente de sabiduría viva: me enseñan que es posible habitar el mundo en paz con todo lo que existe. De ellos aprendo a escuchar la voz de la montaña, a cultivar un amor robusto por la Madre Tierra, a tejer un lazo íntimo con ella y a extender mis vínculos de parentesco con todo lo viviente.
Confluence/Confluencia
Una colaboración de Weave News y Talking Wings para tejer la voces de guardianes de ríos de todo el mundo.