Sembrar, Sanar y Cuidar: Los Hilos de Vida de Ascensión Velasco

Fotografías: Juan Manuel Tombe Velasco (hijo de Mama Ascensión).

Hay mujeres que no sólo caminan sobre la tierra: la escuchan, la sienten y aprenden de ella. Ascensión Velasco Montano, mujer Misak del Cauca, ha tejido su vida entre semillas, plantas medicinales y saberes heredados de sus mayores, recordándonos que la Madre Tierra, que en su lengua namtrik se llama PIRƟPE NAMUI USRI, no es un recurso, sino familia y con quien se construye una relación de respeto y reciprocidad. Su historia es un tejido de memoria, cuidado y resistencia: una mujer que siembra alimentos, protege conocimientos ancestrales y mantiene vivo un vínculo profundo con la vida que la rodea.

En el pueblo Misak le dicen mama, sin tilde, a las mujeres que hacen parte de la autoridad o que han sido autoridad como alguacilas, secretarias, alcaldesas zonales, vicegobernadoras o gobernadoras del territorio o resguardos del pueblo Misak. Mama Ascensión Velasco Montano es una mujer bajita, con un corazón enorme y oriunda del resguardo de Guambía en el municipio de Silvia (Cauca). Tiene 57 años, dos hijos y un nieto que alegra sus días. A los 43 años fue gobernadora del pueblo Misak elegida por su comunidad para liderarlos.  Desde entonces ha contribuido con su experiencia en diversos procesos con mujeres, comunitarios que le han dejado importantes aprendizajes, pero también le han exigido desaprender, que es un reto aún mayor.

Entre semillas, territorio y memoria: el camino de una mujer Misak

Hasta el año pasado hacía parte de varios procesos a través de Autoridades Indígenas del Sur Occidente (AISO) especialmente en salud propia lo cual le permitió aprender mucho de parteros, parteras y médicos tradicionales sobre cómo transformar las plantas que se convierten en remedios naturales para su gente. Actualmente, está dedicada a la agricultura, al cultivo de café y de otros productos básicos para la canasta familiar en una cooperativa a la que pertenece con sus actividades familiares con su compañero de vida con quien vive hace 30 años, sin casarse por la Iglesia, ya que decidieron establecer acuerdos familiares porque hace muchos años decidieron que sus prácticas ancestrales no incluían llegar a una iglesia católica o evangélica.

En este momento, vive en el municipio de Cajibío debido a la falta de tierra en el resguardo de Guambia. Forma parte de la Autoridad Ancestral del Cabildo Indígena Guambiano Kurak Chak, que significa tierra caliente y tierra plana, creado en el 2000 del resguardo del mismo nombre. Llegó allí en el 2004 y desde entonces trabaja con el café y otros cultivos, pero en Silvia (Cauca) dejaron las tierras de sus abuelos, sus papás y mamás ubicadas cerca de la laguna de Piendamó macho, y la de Ñimbe hembra, el pueblo Misak es gente del agua. 

Fue promotora de salud desde el año 1994 y gracias a esto aprendió mucho sobre medicina occidental y propia. Esto ha sido útil para cuidar a la Madre Tierra porque desde niña le enseñaron a protegerla, aunque desafortunadamente como humanos a veces han fallado. Una muestra de ello fue el cultivo de amapola que destruye las familias y la fumigación con glifosato que acabó en gran parte con el ajo y la cebolla en la parte alta del resguardo de Guambia.

En la actualidad, sus actividades incluyen el cultivo de café, atender las huertas y practicar la medicina propia. Además, hace parte de la Asociación de Mujeres Caficultoras del Cauca. La economía del desarrollo social incide en cómo defender el legado de sus ancestros y también de los mayores y mayoras de 70 años. Eso la ha llevado a velar porque los cultivos y la tierra no sean contaminados con productos químicos. Para lograrlo, aprenden de los mayores que conocen los ciclos lunares cuándo sembrar, cosechar y quienes les recuerdan la importancia de los abonos y fungicidas orgánicos. 

Sus sabedores le enseñaron a hablar con las plantas a pedir permiso cuando va a utilizarlas para cualquier medicina, para nutrición o para una armonización espiritual porque “las plantas tienen vida, nos escuchan, sienten y lo más importante, nos aportan energías para todo proceso de vida y es donde hablamos, de estar en equilibrio y armonía consigo mismo, con los demás y con el entorno natural,” enfatiza.

Cuando las plantas escuchan: la medicina de la reciprocidad

Para los Misak los rituales son trascendentales. Para la primera menstruación de la joven y para el adolescente, cuando entra en la adolescencia, en su idioma se dice IMPIPABƟ. Esos baños, para la niña y el adolescente, decía su abuela, son para no tener malos olores en el cuerpo y para que las enfermedades no los ataquen fácilmente, todo es para armonizar. El conocimiento o el legado ancestral, se va pasando a los hijos e hijas, con el apoyo de los mayores y mayoras que en namtrik, se llaman shures y shuras, sabedores y sabedoras del territorio.

El trabajo o los roles son de los dos, porque hablamos de la dualidad, ya que anteriormente, el trabajo se cargaba más en la mujer, pero actualmente, se ha venido poco a poco cambiando para que el trabajo sea compartido, y “esperamos que siga fortaleciendo esos cambios, para el bien de la pareja y la familia del pueblo Misak” afirma Ascensión.

Por eso, cuando tuvo su primera menstruación le dieron alimentos nutritivos como maíz capio tostado, papa cocida y huevo cocido. Durante esos cuatro días, la hicieron sentarse en un colchón de paja, en un sitio preparado por una partera, su abuela materna, para que no sufriera de cólicos. También le pusieron rosas en la cara y tenían que recibir el humo de la quema de paja y apagar soplando y “me decía mi abuela que, eso era para que yo no sufriera de manchas en la cara” recuerda Velasco

La bañaron con plantas medicinales para el crecimiento personal y espiritual para convertirse en una mujer sana y lideresa. Durante esos días de introspección tejió cuatro bolsos pequeños. “Me bañaron con planta wañutsi, en namtrik y, en español, rendidora, para que cuando sirva comida en una minga, no queden faltando personas por comida, decía mi abuela”, recuerda Velasco.

Le enseñaron que en esos días no debe caminar entre los sembradíos de cebolla, papa o ajo porque no es bueno para esos y, en cambio, cuidarse en casa y tejer en esos días. De sus mayores y mayoras además aprendió que la mujer embarazada que camina en medio de la siembra de papa y cebolla hace que, con su energía, mueran las babosas que cortan el tallo y la hoja de los cultivos.

Mama Ascensión cuenta que desde el vientre hay mucho respeto a la naturaleza y la necesidad de estar armonizados y llevar una vida espiritual. Por eso, al nacer el bebé la placenta es sembrada en la mitad de la sala, o en el patio o alrededor de la casa. Eso hace a los niños y niñas más pegados a la familia. Actualmente, como muchas mujeres tienen sus hijos en hospitales se está trabajando para que la medicina occidental tenga en cuenta lo propio y puedan llevar a cabo sus prácticas ancestrales.

De esa familia hace parte también la Madre Tierra porque todo tiene espiritualidad propia y es importante estar armonizados con todos. Para la pervivencia en armonía, los mayores espirituales o médicos sabios hablan de tres espacios: a) espacio celeste, se relaciona con el cosmos y cosmogonía del pueblo Misak; b) la Tierra, con el territorio y territorialidad, y, c) el subsuelo, relación con los minerales. Con esos tres mundos de la integralidad, existe una relación espiritual de armonía y equilibrio con los diferentes procesos del ciclo de vida del ser Misak.

La reciprocidad entre la vida no humana y la humana es crucial. Por eso, la transmisión de conocimientos a niños y adolescentes es clave tanto en los colegios como afuera para recuperar la tierra con el pensamiento de los pueblos indígenas, las medicinas tradicionales, y aprender a transformar las plantas en jabones, cápsulas, cremas y jarabes, volviendo así a la salud propia y las prácticas tradicionales que consienten y cuidan de la Madre Tierra. 

Para ella es crucial que las autoridades sigan fomentando mantener la identidad, la cultura, la cosmovisión del ser Misak y así, desde fogón, nakchak en su idioma, sigan promoviendo la fortaleza de la cosmovisión de los procesos propios del pueblo Misak con las generaciones presentes y futuras. 

La historia de Mamá Ascensión Velasco Montano nos recuerda que defender la Madre Tierra no siempre comienza en los tribunales, en los discursos o en las grandes decisiones políticas; muchas veces comienza en una semilla guardada por una abuela, en una planta que sana, en una palabra, transmitida por los mayores y en una mujer que entiende que cuidar la vida es también cuidar los vínculos que nos unen a ella. Su caminar representa la memoria viva de un pueblo que no concibe la tierra como una propiedad, sino como una pariente con quien se conversa, se agradece y se aprende. En la voz de Ascensión permanece una enseñanza ancestral: la Madre Tierra no necesita ser conquistada ni protegida como algo ajeno, sino reconocida como parte de la familia de la vida. Porque cuando recordamos que pertenecemos a ella, cuidarla deja de ser una obligación y se convierte en una forma de amor, respeto y reciprocidad.

Johana Fernanda Sánchez Jaramillo

Johana Fernanda Sánchez Jaramillo, Fernanda, es un animal humano, mujer de color y sentipensante. Animalista, abolicionista contra toda explotación de los demás animales, vegana. Colombiana y suramericana. Doctora en derecho de la Universidad del Rosario en Colombia, graduada con excelencia académica, abogada cum laude de la Universidad Santo Tomás, comunicadora social y periodista de la Universidad de la Sabana, magister en relaciones internacionales de la Universidad Javeriana, y trabajadora social comunitaria de Langara College de Vancouver (Canadá). 

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