El Tejido
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Los Derechos de la Naturaleza en México: Del Activismo Ciudadano a la Reforma Constitucional
Tres activistas del Centro Ius Naturae destacan una iniciativa única e inspiradora para consagrar los derechos de la naturaleza en la Constitución de México por primera vez.
Desde dentro. (Foto: Andrea Valentina)
Hay momentos en los que defender la Naturaleza deja de significar únicamente resistir frente a una amenaza y comienza a significar imaginar cómo queremos vivir en el futuro. Para nosotros, ese momento llegó cuando comprendimos que muchas de las luchas ambientales que ocurren todos los días en México tienen algo en común: intentamos proteger la Naturaleza con herramientas jurídicas que, en muchas ocasiones, fueron construidas bajo una visión en la que el ser humano ocupa el centro de todo.
Nuestra experiencia en la defensa del territorio, particularmente desde el trabajo del Centro Ius Naturae y del Colectivo Restauremos la Laguna del Carpintero, nos ha llevado a una convicción: no basta con reaccionar cuando el daño ambiental ya ocurrió. Necesitamos transformar las leyes y normas que permiten que ese daño ocurra.
La propuesta forma parte de un camino que ya ha comenzado a recorrerse: en los últimos años se han presentado al menos diez iniciativas para incorporar este reconocimiento al texto constitucional. Sin embargo, ninguna ha logrado concretarse hasta ahora. Más que partir de cero, esta propuesta busca recoger las experiencias, avances y pendientes de esos esfuerzos previos para plantear una vía renovada hacia el reconocimiento constitucional de los Derechos de la Naturaleza en México.
Junto con el Dr. Mateo Castillo Ceja y el Mtro. Francisco Javier Camarena, de la Red Mexicana de Carta de la Tierra; la periodista Elideth Fernández y Arnold Ricalde, del Movimiento Conciencia; y los Dres. José Gilberto Garza Grimaldo y Hermes Teodoro Gonzáles de la Universidad Autónoma de Guerrero, construimos una propuesta de Reforma Constitucional que plantea modificar nueve artículos de nuestra Constitución para incorporar las bases de un nuevo paradigma jurídico: reconocer a la Naturaleza como sujeto de derechos.
La propuesta ya se encuentra en manos de la Presidenta de México para su consideración.
Para nosotros, llegar hasta aquí tiene un significado que va mucho más allá de haber presentado un documento jurídico. Representa el resultado de un proceso de incidencia ciudadana que comenzó mucho antes de que existiera un proyecto de reforma.
Comenzó observando lo que ocurre en nuestros territorios. Comenzó preguntándonos por qué un humedal, un bosque, un río o una laguna tienen que esperar a que alguien demuestre que su destrucción le ocasionó un perjuicio personal para poder ser defendidos. Comenzó al encontrarnos con comunidades y colectivos que llevan años intentando proteger ecosistemas que, aunque son fundamentales para la vida, continúan siendo tratados jurídicamente como recursos disponibles para satisfacer necesidades humanas.
¿Es posible construir un modelo jurídico proactivo que anticipe y prevenga la destrucción, en lugar de limitarse a reaccionar ante ella? Sostenemos que sí.
Capas. (Foto: Andrea Valentina)
Los Derechos de la Naturaleza parten de una premisa que puede parecer sencilla, pero que tiene profundas consecuencias: la Naturaleza no debería ser protegida únicamente porque resulta útil para nosotros. Los ecosistemas son sistemas complejos que tienen sus propios procesos y ciclos. Su valor es totalmente independiente de la utilidad o el provecho económico e inmediato que los seres humanos podamos obtener. Reconocer jurídicamente este valor significa comenzar a transitar de una visión predominantemente antropocéntrica hacia una perspectiva ecocéntrica o incluso avanzar hacia una visión relacional donde no haya centros.
La alternativa surge como respuesta a la crisis planetaria donde la salvaguarda de nuestra propia existencia depende de una transición ecológica profunda que detenga la degradación de los ecosistemas y apunte a un verdadero cambio de paradigma.
Por eso creemos que esta discusión no pertenece únicamente al ámbito legislativo. Es una discusión interdisciplinaria que incluye lo ambiental, lo político, lo sociocultural y lo espiritual.
Nuestra propuesta tiene su origen en experiencias distintas. Diego y Aranza hemos trabajado desde el Derecho, la incidencia legislativa y la construcción del paradigma de los Derechos de la Naturaleza; Miriam lo ha hecho desde la defensa ciudadana de la Laguna del Carpintero y desde la experiencia concreta de enfrentarse a las consecuencias que tiene una decisión política y económica sobre un ecosistema.
Pero la iniciativa se fortaleció precisamente cuando esas experiencias comenzaron a encontrarse con otras. El trabajo de Mateo y Francisco Javier desde la Carta de la Tierra, la comunicación y activismo ambiental de Elideth, la docencia e investigación de José y Hermes y la experiencia de Arnold nos permitieron entender que ninguna transformación de esta magnitud puede ser producto de una sola disciplina. La crisis ambiental tampoco lo es.
Por eso uno de los aspectos que más valoramos de este proceso es haber comprobado que la ciudadanía puede pasar de la denuncia a la propuesta. Durante mucho tiempo hemos entendido la incidencia ciudadana como la capacidad de protestar, exigir, señalar o resistir. Todo ello sigue siendo indispensable. Pero existe otra forma de incidencia que también debemos reivindicar: la capacidad de construir las soluciones y proponer nuevas reglas.
Una problemática puede convertirse en investigación. La investigación puede convertirse en argumentos. Los argumentos pueden convertirse en una iniciativa. Y una iniciativa ciudadana puede llegar hasta la Constitución.
Eso es lo que estamos viviendo.
Lo inmenso también se agota. (Foto: Andrea Valentina)
No sabemos cuál será el destino de esta propuesta. Tampoco pretendemos presentar su llegada al ámbito federal como una conclusión. Una Reforma Constitucional requiere discusión, análisis, deliberación y participación. Sabemos que queda un largo camino por recorrer.
Pero precisamente por eso consideramos que este momento merece ser compartido, porque la propuesta ya no está únicamente en nuestras manos, está abierta a la discusión pública.
Queremos que la conozcan las organizaciones ambientales, las comunidades, las universidades, los abogados, los científicos, los jóvenes y todas aquellas personas que consideran que nuestra relación con la Naturaleza necesita cambiar. Queremos que sea cuestionada, analizada y, sobre todo, enriquecida.
La transformación constitucional que imaginamos no puede construirse desde una sola voz, tiene que ser una conversación colectiva. En tiempos en los que hablar de la crisis ambiental puede producir más angustia que esperanza, nosotros decidimos apostar por una esperanza distinta: una esperanza que se organiza, que estudia, que propone y que participa.
La llegada de esta iniciativa a manos de la Presidenta nos recuerda que las grandes transformaciones no necesariamente comienzan dentro de las instituciones. A veces comienzan con ciudadanos que deciden que aquello que parece imposible merece, por lo menos, ser intentado. Nosotros decidimos intentarlo.
No sabemos si esta será la reforma que finalmente transforme la Constitución. Lo que sí sabemos es que ya existe una propuesta sobre la mesa para discutir una nueva relación jurídica entre México y la Naturaleza. Y quizá ese sea uno de los primeros pasos para cambiar nuestra manera de entender el futuro.
Porque defender la Naturaleza no puede seguir siendo solamente defender lo que todavía queda. También significa atrevernos a construir las condiciones jurídicas, sociales y culturales para que la vida pueda seguir existiendo.
De eso se trata este camino: de pasar de la incidencia ciudadana a la Reforma Constitucional, de la defensa de nuestros territorios a la defensa de la vida y, finalmente, de dejar de pensar que la Naturaleza necesita ser protegida solamente por nosotros para comenzar a reconocer que nosotros también formamos parte de ella.
Confluence/Confluencia
Una colaboración de Weave News y Talking Wings para tejer la voces de guardianes de ríos de todo el mundo.