El Tejido
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El Blog del Tejido
Ecocidio en el Golfo de México por el Derrame de Petróleo
Mientras el modelo energético en México continúe priorizando la extracción sin garantizar condiciones reales de seguridad ecológica, estos eventos no serán excepcionales; serán inevitables.
Creditos: a las comunidades y medios en México por mostrar la verdad en estas imágenes.
Hay una forma particularmente grave de violencia que rara vez se nombra: aquella que se ejerce contra la Naturaleza, al reducirla a cifras, informes técnicos y comunicados cuidadosamente redactados. El reciente derrame petrolero en el Golfo de México con impactos visibles en las costas de Veracruz y Tabasco, es un ejemplo contundente de esa violencia pero, sobre todo, de la normalización institucional que la permite, y aunque todavía no se ha reconocido este derrame como un ecocidio, las evidencias se siguen ocultando.
Y no estamos frente a un accidente aislado. Lo ocurrido responde a una lógica conocida: infraestructura deteriorada, supervisión insuficiente y una reacción gubernamental más preocupada por administrar la narrativa que por contener el daño.
Los indicios del derrame comenzaron a registrarse entre el 6 y el 8 de febrero de 2026. No fue el Estado quien dio la alerta, sino imágenes satelitales y observaciones técnicas externas. Durante 69 días, el origen fue negado o atribuido a "filtraciones naturales" y "buques privados" y el crudo se expandió sin que existiera un reconocimiento claro de su origen. Fue hasta mediados de abril cuando finalmente se admitió que la fuga provenía de instalaciones de Petróleos Mexicanos (PEMEX) en la Sonda de Campeche, cerca de la plataforma Akal-C.
Ese lapso —más de dos meses— no es un detalle menor. Es el periodo en el que el petróleo avanzó, se dispersó, penetró ecosistemas y alteró dinámicas biológicas cuya recuperación, en muchos casos, es incierta o simplemente imposible. Y aunque el impacto inicial se centró en Veracruz y Tabasco, ha alcanzado también las costas de Campeche y Tamaulipas.
Y cuando la realidad se volvió inocultable, la mancha de crudo y el daño ya se habían extendido por más de 630 kilómetros de litoral. No se trató de una mancha puntual, sino de una afectación regional que alcanzó decenas de sitios costeros y al menos siete áreas naturales protegidas. Más de 90 toneladas de residuos fueron recolectadas, una cifra que, lejos de dimensionar el desastre, apenas refleja la fracción visible de un problema mucho más profundo.
El petróleo no solo ensucia playas, asfixia la vida. El vertido ha puesto en riesgo el Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo, un santuario de biodiversidad marina y entre los daños más graves se reportan que los sitios de anidación de la Tortuga Carey, especie en peligro crítico de extinción, han sido contaminados. Que los sistemas lagunares como la Laguna del Ostión en Veracruz y diversos manglares han sido invadidos por el crudo, alterando la química del agua y matando organismos microscópicos que sostienen la cadena trófica. También se han documentado peces, tortugas y aves cubiertos de petróleo, además de la interrupción de ciclos reproductivos de especies comerciales como el robalo, el camarón y la almeja.
Así que, en resumen, el crudo se ha infiltrado en sedimentos, ha alterado la química del agua, ha impactado organismos microscópicos y ha roto cadenas tróficas completas. Su huella no siempre es inmediata ni espectacular, pero sí persistente. Se sabe que en zonas como sistemas lagunares y humedales, los efectos pueden durar años, incluso décadas.
Frente a esto, la respuesta institucional ha sido, en el mejor de los casos, insuficiente; en el peor, abiertamente negligente. Durante semanas se ofrecieron versiones contradictorias: que si el origen era natural, que si se trataba de embarcaciones privadas, que si el impacto era mínimo. Incluso cuando la contaminación ya era evidente, se insistía en que las playas eran seguras.
No es solo desinformación, es una estrategia. Minimizar el problema reduce la presión política, diluye responsabilidades y permite que el modelo que lo originó continúe intacto. Y ante la opacidad de las autoridades, una coalición de 17 organizaciones —incluyendo a Greenpeace México, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) y la Alianza Mexicana contra el Fracking— fue la que proporcionó la evidencia científica y satelital necesaria para desmentir la versión oficial que desde la presidenta Claudia Sheinbaum fue afirmar categóricamente en marzo que "no fue PEMEX" y que se trataba de una investigación sobre un barco privado o "chapopoteras naturales" en Cantarell. Solo tras la presión de la evidencia admitió la responsabilidad de la paraestatal, limitando las acciones a la separación del cargo de algunos funcionarios. Y, por su parte, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, ha minimizado el impacto en las playas veracruzanas, priorizando la protección del turismo y la narrativa política sobre la emergencia ambiental.
La batalla también ha llegado a los tribunales. Organizaciones civiles han presentado demandas de amparo contra PEMEX y las autoridades ambientales por la omisión en la contención del derrame y la falta de transparencia. En respuesta, jueces federales han otorgado suspensiones provisionales que obligan al gobierno a realizar un monitoreo independiente, a frenar la desinformación y a ejecutar acciones de remediación inmediata en las áreas naturales protegidas afectadas.
Pero esta estrategia que también es una postura del gobierno, desde una perspectiva ecocéntrica, resulta profundamente problemática. El Golfo de México no es un recurso: es un sistema vivo, complejo, interdependiente. Cada derrame no es únicamente una pérdida económica o un incidente industrial: es una ruptura en los procesos que sostienen la vida.
La biodiversidad afectada no aparece en los comunicados. Mucho menos los ciclos reproductivos interrumpidos ni las especies desplazadas o muertas. Tampoco las comunidades humanas entre ellas las pesqueras, que dependen de esos ecosistemas y que, una vez más, fueron las primeras en alertar y las últimas en ser escuchadas. Actualmente más de 14,000 pescadores de esas comunidades se encuentran en la vulnerabilidad total. En plena temporada de Cuaresma, las comunidades han perdido sus redes por la contaminación y se han visto obligadas a suspender la pesca, recibiendo apoyos económicos que consideran insuficientes frente a la magnitud del daño a su sustento a largo plazo.
Por eso resulta difícil hablar de incompetencia como si se tratara de una falla puntual. Lo que este derrame exhibe es algo más estructural: un sistema donde la prevención es secundaria, la transparencia es opcional y la Naturaleza es prescindible. Y un derrame que inicia en febrero y se reconoce en abril no es un error, es una forma de operar.
Las preguntas que tenemos que plantearnos son: ¿Qué tipo de relación con el entorno natural queremos tener como sociedad civil? ¿Cuánta destrucción más de la Naturaleza vamos a seguir tolerándole al gobierno? Y la más importante: ¿Qué podemos hacer para contribuir a la solución? Porque mientras el modelo energético en México continúe priorizando la extracción sin garantizar condiciones reales de seguridad ecológica, estos eventos no serán excepcionales: serán inevitables. Y quizá ese es el punto más incómodo de todos, el problema no es únicamente el derrame, es la certeza de que volverá a ocurrir por la negación del gobierno a proteger la vida, para poner por encima de todo y de todos sus propios intereses.
Entonces debemos exigir transparencia, demandar informes públicos y en tiempo real sobre el estado de la infraestructura de PEMEX. Apoyar la vía legal al respaldar los amparos ciudadanos para que la justicia obligue a una remediación integral. Hacer un monitoreo ciudadano, continuar documentando y compartiendo los hallazgos en territorio para romper el cerco informativo. Y exigir un cambio de modelo, de energías fósiles a energías limpias para cuidar a las especies y ecosistemas tanto marinos como terrestres.
Este derrame de petróleo ya se está considerando un nuevo ecocidio con daños que actualmente no podemos dimensionar ni siquiera saber hasta dónde llegará la contaminación debido a las corrientes marinas, pero no podemos dejar de alzar la voz como Consejo de Guardianes de la Naturaleza para exigirle al gobierno que repare el daño integralmente y que asuma su responsabilidad de protegernos como ciudadanos y de proteger a la Naturaleza.
Fuentes:
Derrame en el Golfo de México se ocultó; comenzó en febrero en un ducto de Pemex, Crónica.
El Gobierno admite ahora que el derrame se originó en instalaciones de Pemex, El País.
Derrame de petróleo en el Golfo de México de 2026, Wikipedia.
Derrame Pemex 2026: Sancionan a funcionarios tras fuga masiva, MVS Noticias.
Tras 69 días de mentiras, Pemex admite que derrame fue su culpa, Etcétera.
Petróleo asfixia manglares y fauna marina en el Golfo, Leviatán.
Derrame de petróleo en el Golfo y su impacto ambiental, Barriozona Magazine.
Derrame en ducto de Pemex se estima en 82,000 barriles, Expansión.
Discurso y poder del extractivismo o cómo se legitima el saqueo en nombre del “desarrollo”
Los discursos institucionales, mediáticos o corporativos configuran las formas en las que se perciben los megaproyectos. Estos se presentan como proyectos de nación o como una oportunidad para el desarrollo, el empleo y la transición verde. Publicado por El Salto el 11 de julio de 2025.
(Imagen: Algorithmix, CC0, via Wikimedia Commons)
Este artículo fue publicado por El Salto el 11 de julio de 2025.
Huertos Comunitarios en una Zona de Guerra: Un Llamamiento a la Solidaridad
¿Cómo se cuidan los huertos comunitarios en una zona de guerra? ¿Cómo educar a las comunidades sobre la importancia de proteger los derechos de los animales no humanos mientras se oyen ametralladoras disparando a lo lejos? Para quienes viven en países que gozan del privilegio de la paz, estas condiciones pueden resultar difíciles de imaginar. Sin embargo, la Initiative pour le Progrès et la Protection de l'Environnement (IPPE), o Iniciativa para el Progreso y la Protección del Medio Ambiente, conoce muy bien la realidad de dirigir una organización medioambiental sin ánimo de lucro en medio de guerras alimentadas por la extracción de minerales.
IPPE gestiona un huerto comunitario en el territorio de Masisi, República Democrática del Congo. (Todas las fotografías que documentan el trabajo comunitario en curso que se lleva a cabo en Kivu del Norte fueron proporcionadas por Justin Lumoo Paluku del IPPE.)
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¿Cómo se cuidan los huertos comunitarios en una zona de guerra? ¿Cómo educar a las comunidades sobre la importancia de proteger los derechos de los animales no humanos mientras se oyen ametralladoras disparando a lo lejos? Para quienes viven en países que gozan del privilegio de la paz, estas condiciones pueden resultar difíciles de imaginar. Sin embargo, la Initiative pour le Progrès et la Protection de l'Environnement (IPPE), o Iniciativa para el Progreso y la Protección del Medio Ambiente, conoce muy bien la realidad de dirigir una organización medioambiental sin ánimo de lucro en medio de guerras alimentadas por la extracción de minerales.
La IPPE es una organización comunitaria que trabaja en toda la provincia de Kivu Norte, en la República Democrática del Congo (RDC). Su misión es ayudar a las comunidades a alcanzar la autonomía alimentaria, al mismo tiempo que protegiendo la salud de todo el ecosistema. Sin embargo, la mayoría de estas iniciativas están actualmente en pausa. El 27 de enero, el Movimiento 23 de Marzo (M23) y las fuerzas armadas ruandesas tomaron el control de Goma, y la ciudad que era la base de operaciones del IPPE se convirtió en un campo de batalla.
Proyecto de protección de emergencia de animales no humanos dirigido por el IPPE.
La ciudad lacustre de Goma es la capital y la mayor ciudad de la provincia de Kivu Norte, hospedando más de dos millones de personas. En el último año, la ciudad se ha convertido en refugio de un número cada vez mayor de familias que huyen del M23 y de las fuerzas ruandesas. Los 700.000 y un millón de personas que ahora viven en campos de refugiados alrededor de la ciudad, junto con todos sus habitantes, se enfrentan a un futuro incierto. Desde finales de 2024, los combates entre los rebeldes del M23, las milicias rivales y el gobierno congoleño han desplazado a casi 3 millones de personas, que son sólo una parte de los más de 6 millones de refugiados internos desde 2022. En este último enfrentamiento, las fuerzas de paz de la ONU lucharon junto a los soldados de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC) y los milicianos wazalendo, en el intento fallido de mantener el control de Goma. A medida que aumenta la violencia, los rebeldes del M23 planean avanzar hacia la capital de la RDC, Kinshasa, y los países vecinos temen una guerra regional.
Arbolito plantado por IPPE en un proyecto de reforestación.
El punto central de estas hostilidades son las minas de oro, casiterita, coltán, cobalto y diamantes que salpican Kivu Norte. En su avance, el M23 se ha movido con rapidez para asegurar las ciudades mineras, como Rubaya, que albergan grandes yacimientos de coltán. Aunque las raíces políticas de este conflicto son complejas y se remontan a los legados del colonialismo europeo, las económicas son sencillas: los elementos que hacen funcionar los ordenadores portátiles y los teléfonos inteligentes se encuentran bajo las comunidades que se enfrentan al derramamiento de sangre. La ONU y funcionarios de la RDC afirman que los minerales de las minas del M23 se transportan a Ruanda, desde donde se envían al mercado internacional. A finales del año pasado, la RDC demandó a filiales de Apple ante tribunales belgas y franceses, acusando al gigante de los teléfonos inteligentes de comprar «minerales de sangre». Este derramamiento de sangre se extiende mucho más allá del ámbito humano, y la extracción de minerales «críticos» en Kivu del Norte ha provocado una deforestación masiva, borrando el hábitat de los gorilas orientales de llanura, que están al borde de la extinción.
¿Cómo va a seguir cumpliendo su misión el IPPE, protegiendo los medios de subsistencia de las comunidades humanas y no humanas, en el actual clima de inseguridad? Los empleados de IPPE se plantean actualmente esta pregunta, considerando cómo operar en una región que ahora está controlada por el M23. Uno de sus primeros pasos es encontrar una nueva base de operaciones, y posiblemente trasladarse, como lo están haciendo millones de personas, a una región más segura. El IPPE hace así un llamamiento de solidaridad y apoyo a tod@s l@s organizadores ecologistas de todo el mundo. En «Confluence» compartimos su llamado e invitamos a organizaciones, grupos comunitarios y individuos a mostrar su solidaridad con las aguas, los ecosistemas y las comunidades de Kivu Norte, y con los valientes grupos que, como el IPPE, se esfuerzan por protegerlos.
Si desea contribuir materialmente a los esfuerzos del IPPE, sólo tiene que seguir este enlace para acceder a su página de donativos en línea. Estas donaciones permitirían al IPPE alquilar una nueva base de operaciones, en un lugar más seguro y fuera de una zona de conflicto.
Además, os invitamos a todos a enviar una declaración de solidaridad. Todo lo que tienen que hacer es compartir unas palabras sobre por qué ustedes, y/o sus organizaciones, se solidarizan con el IPPE en estos momentos complicados. También se aceptan fotos y vídeos. Para ello, sólo tienes que utilizar este formulario de envío.
IPPE organizando huertos comunitarios, educación vegetariana en las escuelas y talleres de movilización comunitaria.
Arbol de Fuego
Sofocados por el calor acumulado del día, la noche se hizo larga. Nos despertó el olor a humo. De momento pensamos que algún vecino estaba quemando basura. Pronto nos dimos cuenta de que el olor era distinto. Olía más a madera quemada.
“Smoke and Rain” (Yolo Martínez Spinoso)
Sofocados por el calor acumulado del día, la noche se hizo larga. Nos despertó el olor a humo. De momento pensamos que algún vecino estaba quemando basura. Pronto nos dimos cuenta de que el olor era distinto. Olía más a madera quemada.
Por la mañana, leímos las noticias y la gente comentaba por distintos medios sobre los incendios alrededor. Algunas personas ya convocaban a la población para acopiar agua, alimentos y herramientas. Otras, buscaban el transporte para movilizarse y se agrupaban en brigadas para subir a pie a las montañas.
La gente subió a apagar los incendios con sus herramientas de labranza; pala, machete, azadón. Se armaron con lo que tenían a mano.
Hillsides on fire. (Photo: Alejandro Beltrán Cordero)
Se formaron circuitos en los que las personas dieron su apoyo elaborando y llevando alimentos, acopiando agua, herramientas y sumándose a las labores de organización, movilización y apoyo emocional. A pesar de lo estresante de la situación, la gente estuvo dispuesta, de buen humor, solidaridad, alegre y firme.
Los que subimos a la montaña, sabíamos que iba a ser una jornada extenuante, debido al calor excesivo (37°) más el calor del fuego. Con los ojos llorosos por el humo, dimos testimonio de cómo la poca humedad de la montaña daba paso al fuego. Ese fuego consumía de a poco, lo que queda del bosque de niebla (Bosque mesófilo de montaña).
Con tristeza vimos que el incendio no era el único que consumía la vegetación, sino que la montaña ya había sido usurpada. Éste es el resultado de una devastación paulatina del hombre por los recursos del bosque; el suelo, la flora, los árboles y la fauna.
Concentrados en la fuerza de los brazos, fuimos abriendo brecha y cercando al fuego. Entre risas y preocupación hombres y mujeres pedíamos en nuestro corazón que llegara la lluvia.
Escuchamos por otros compañeros que, en otras partes de la montaña, los incendios rebasaban cualquier solidaridad humana. Avanzaba como un dragón trepando las cañadas más inaccesibles.
Pasados los días llegaron las lluvias y con ella la esperanza de que un ciclo se renovará. Sin embargo, las tormentas han sido severas por falta de cubierta vegetal y el cauce de los ríos está descontrolado. Aunque incendio y lluvias son necesarios en el proceso de renovación de la naturaleza, ahora se presentan intensos debido a la contaminación que hemos generado en el agua, los bosques, el aire y las montañas.
Rio de los Pescados al punto de desbordarse. (Photo: Alejandro Beltrán Cordero)
Esto es sólo un recordatorio de un cambio climático que estamos viviendo. No todos somos conscientes de estos desafíos. Pero sí existimos un grupo de personas que actuamos con los mismos fines y acciones; cuidar el suelo, regenerarlo, aprender sus ciclos agrícolas y la reforestación de las montañas con especies nativas.
La respuesta social ha sido afortunada. Aunque la magnitud de los hechos nos haga ver pequeños, cómo los arbolitos que llevamos en las manos, seguimos y seguiremos reforestando el bosque.
Coatepec, Veracruz, 21 de junio de 2024
Yolo Martínez Spinoso
Alejandro Beltrán Cordero
HUMO
Nos despertó el olor a humo
el bosque se está incendiando
La tierra se está quejando
El pueblo se va juntando
Nos vamos organizando
Con solo pala y machete
Contra el fuego ya arremeten
A la lumbre hay que apagar
No nos vamos a rajar
La gente se compromete
Se preparan alimentos,
Que son vida, son sustento
Viandas con cualidades
Que nos ayudan a mares
Y qué nos ponen contentos
Ahora cientos de personas
Se distribuyen por zonas,
Van cargados de herramientas,
enfrentan el fuego contentas,
entre risas retozonas.
Nuestro pueblo respondiendo
a la urgencia climática
de una manera practica
El escéptico va jodiendo
en sus laurales durmiendo
No ha querido ayudar
Y ya para terminar
Nos despedimos diciendo
Y a la gente enalteciendo
Por su buen colaborar
Alejandro Beltran Cordero, Yolo Martínez Spinoso
Cerdos, peces y agua para café
Justicia, gritan las calles de Xalapa,
Ecocidio, podredumbre, dolor.
Ya no puedo más,
Bebo mi café, escribo.
Un político veracruzano
Toma una coca, firma un papel,
La mega empresa le roba la vida a otro río.
Manifestación en defensa de los cenotes en Homún, Yucatán. (Foto: Pie de Página)
Escribir,
Yo sólo puedo escribir
No tomo la espada,
Empuño una pluma
Y sólo puedo escribir
Hueles a peces muertos,
Río contaminado dos veces
El rafting se detiene un momento
La muerte baja con la corriente
A lo lejos Jalcomulco,
Lloro por el agua
Y recuerdo el café de mi bello Coatepec.
Justicia, gritan las calles de Xalapa,
Ecocidio, podredumbre, dolor.
Ya no puedo más,
Bebo mi café, escribo.
Un político veracruzano
Toma una coca, firma un papel,
La mega empresa le roba la vida a otro río.
Y yo sólo puedo escribir,
Dejo la espada de mi novela
Me sujeto de la pluma
Y sólo puedo escribir,
Sólo puedo escribir.
Sólo puedo…
Huele a excremento de puerco
Y a pimienta.
Ocho detenidos,
Personas comunes,
Pobladores golpeados,
Exigen salud,
En el aire, en el agua,
Bajo tierra: mierda.
Lloro por los cenotes,
Cerdos vestidos de azul rompen la calma.
Justicia, salud, exigen las calles de Mérida,
Coches negros apagan vidas,
Desaparecen manifestantes.
Un político yucateco
Come lechón, estrecha una mano,
Grasa y sangre gotean,
Kekén se lleva la victoria.
Y yo sólo puedo escribir,
Sólo puedo escribir,
Escribir y beber café.
Busco una espada,
Suelto la pluma,
Levanto la voz,
Lloro por el agua,
Lloro por los cenotes,
Por la vida.
Escondo la espada,
Miro la pluma,
Me oculto en mi cenote,
Me hundo en el agua para el café,
Me pierdo en las noticias
Y me pongo a escribir,
Escribo, escribo, ¡escribo!
Porque yo sólo puedo escribir.
Rios en Coatepec, Veracruz. (Fotos: Alejandro Beltran Cordero)
Contexto
En el transcurso de la misma semana de marzo del 2023 ocurrieron dos sucesos relacionados al medio ambiente que me tocaron profundamente. Uno en mi adorado Jalcomulco, lugar que visitaba constantemente cuando viví en Xico, cerca de Xalapa (capital de Veracruz); el segundo en Sitilpech, poblado yucateco cercano a mi actual lugar de residencia: Campeche.
El miércoles 16 de marzo del 2023 el río Los Pescados que pasa por el pueblo de Jalcomulco comenzó a oler muy feo, los peces aparecieron muertos, flotando en las aguas, los pobladores sabían que el ingenio Mahuixtlán y los beneficios del café eran los responsables.
Dos días después, en la madrugada el 18 de marzo del mismo año, elementos de policía agredieron, golpearon y reprimieron a un grupo de pobladores de Sitilpech que mantenían un campamento a modo de manifestación contra la granja porcina de Kekén, granja que maneja miles de cerdos y que contamina los ríos subterráneos y cenotes de la región y, por supuesto, el poblado de Sitilpech.
Cuatro días después, el 22 de marzo, en el marco del día mundial del agua la gente se reunió en el centro de Mérida, Yucatán para alzar la voz por los pobladores de Sitilpech agredidos. Durante la marcha que se había mantenido pacífica, un grupo de policías vestidos de civiles levantaron a varios manifestantes y los metieron en autos sin ningún tipo de identificación y sin placas.
La reunión de estos hechos en menos de una semana fue un fuerte impacto para mí, por lo que escribí este poema como forma de expresar lo que sentía y de la forma en que mejor sé hacerlo, escribiendo.
A continuación dejo varios enlaces de las noticias de esos días.
Policías encubiertos levantan a manifestantes durante marcha a favor del agua en Mérida (Excelsior)
Yucatán: Habitantes de Sitilpech protestan contra granja porcícola; denuncian represión y agresiones de policías (Animal Politico)
Vinculan a proceso a vecinos de Sitilpech, Yucatán, por bloqueo carretero (Diario de Yucatán)
Presuntos policías vestidos de civiles 'levantan' a 4 en marcha en Yucatán (Aristegui Noticias)
Granjas porcícolas de Kekén contaminan agua de la Península de Yucatán (La Coperacha)
Kekén afirma ser empresa sustentable mientras pruebas en granjas porcícolas dicen lo contrario (Greenpeace)
El pueblo decidirá si entran empresas: comunidad maya en Sitilpech tras desalojo violento (Causa Natura)
Yucatán: policías reprimen y agreden a pobladores mayas de Sitilpech (Disidente)
En Jalcomulco, llegan turistas entre contaminación, olores fétidos y peces muertos (Al Calor Politico)
¿Contaminada? Espumosa y de color café, así corre el agua en río Jalcomulco (E-Consulta Veracruz)
Confluence/Confluencia
Una colaboración de Weave News y Talking Wings para tejer la voces de guardianes de ríos de todo el mundo.