El Tejido
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Entre la Academia y la Raíz: William y la Defensa de la Madre Tierra desde la Bíolugargogía Kamëntsá
Hay docentes que enseñan contenidos, y hay quienes enseñan a recordar. Recordar de dónde viene la vida, a quién le debemos el aliento y por qué la tierra no es un recurso, sino una madre que se escucha, se cuida y se defiende.
Fotografías: tomadas por Karent Hoyos y suministradas por William Mavisoy.
Hay docentes que enseñan contenidos, y hay quienes enseñan a recordar. Recordar de dónde viene la vida, a quién le debemos el aliento y por qué la tierra no es un recurso, sino una madre que se escucha, se cuida y se defiende. En ese lugar habita el que educa y sana: no como figura académica, sino como puente vivo entre mundos que durante siglos han estado separados. Allí donde la palabra universitaria se encuentra con la palabra sembrada, donde el conocimiento deja de imponerse y se aprende a escuchar, nace una forma distinta de enseñar: una que no traduce los saberes ancestrales, sino que camina con ellos, los respeta y les permite transformar lo que significa educar.
William Jairo Mavisoy Muchavisoy es Abuatambayá - -Tats̈ëmbuá, que en su lengua Kamentsá de Putumayo (Colombia) significa “el que educa y sana”. Llegó hace más de dos décadas a la ciudad de Popayán desde Sibundoy donde su madre, Mercedes Muchavisoy, sembró su cordón umbilical para que nunca olvidará el camino que lo llevaría de vuelta a su raíz.
En 2018 mientras cursaba sus estudios en el doctorado, en Etnobiología y estudios bioculturales, su tiempo en los salones de la universidad y sus viajes al lugar que habitan sus padres y ancestros creó lo que él denominó biolugargogía. En 2019 se convirtió en el primer docente indígena, permanente, de la Universidad del Cauca en Popayán (Cauca).
“Esta palabra con sus “i” acentuadas en í e ì de bío- y -gogía, representan el movimiento de los brazos y manos humanas, los modos de interacción corporal hacia adentro y hacia afuera. Es una apuesta política por el reconocimiento intercultural y biocultural de las memorias y sabidurías ancestrales de los pueblos originarios en la educación”, sostiene Mavisoy. Descomponiendo esta palabra en sílabas se entiende: bío, nociones y ciclos sobre la vida-muerte-vida; lugar, variadas maneras de habitar y percibir el espacio tiempo como uno solo, interacciones desde, con y para la gente del lugar; y gogía, los actos del educar.
Biolugargogía en la educación superior: saberes que brotan del territorio
En el año 2020, el profesor William constituyó el Semillero Bíolugargogìa de memorias y sabidurías ancestrales. En Colombia los semilleros son grupos de estudiantes, quienes, acompañados por un profesor, adelantan especialmente labores de investigación. Sin embargo, este semillero va mucho más allá. Este grupo sirve como un canal o medio para que las sabedoras y sabedores de cada lugar, orienten el sentido de pertenencia de cada persona sentipensante para acudir a la memoria familiar y comunitaria y así legitimar la importancia de la curiosidad natural, capacidad de aprender, con la cual se es humano-ancestral.
Esta iniciativa poco convencional, ha permitido que William y sus estudiantes caminen la palabra. Memoriandar es el espacio donde sabedoras y sabedores comparten sus experiencias y conocimientos en estrecha relación con los lugares habitados del Abiayala, es el nombre con el que el pueblo Gunadule de Colombia y Panamá nombran lo que occidente llamó América Latina, y el Gran Kauka, es el departamento del Cauca. Personas destacadas en sus co-munidades participan de tres maneras: Memoriandar en el aula, salón de clases; Memoriandar en la U, y Biolugargogía itinerante en diferentes territorios.
Memoriandar en la Universidad nació durante la pandemia del Covid-19 para que sabedores y sabedoras asistieran a la universidad de manera virtual y compartieran su sabiduría en torno a temáticas concretas. Entre tanto, Memoriandar en el aula ocurre en los salones de la universidad en los cuales charlan con los estudiantes sobre algún contenido de una asignatura que aborde lo ancestral. En este espacio intervienen investigadores y académicos que han establecido una forma de “solidaridad investigativa” en pro de las dinámicas comunitarias y comunalidades como lo hizo la autora de este relato.
Y la Biolugargogía itinerante corresponde a los encuentros que docente y alumnos tienen con sabedores y sabedoras en sus lugares de origen para conocer y profundizar sobre sus experiencias de vida y cómo han enfrentado problemas ambientales, sociales, culturales y educativos causados por el capitalismo con su economía extractivista.
Este semillero ha hecho algo innovador y es el hecho de que los estudiantes sean capaces de entretejer las memorias y sabidurías ancestrales con los paradigmas epistémicos de los programas de formación universitaria, marcadamente colonialistas, al convertir al lugar, montaña, mar o selva como escuela, y así poder contribuir a la armonización y sanación de la humanidad y la Madre Tierra.
La fuerza de esta apuesta radica en que nos recuerda que enseñar no es llenar de contenidos, sino volver a la raíz. Que defender a la Madre Tierra no ocurre sólo en aula o fuera de ella, sino en cada gesto que dignifica la memoria, en cada diálogo en el que un saber no se subordina al otro, sino que respira a su lado. En ese “entrelugar”, Willliam deja de ser sólo quien explica y dirige, para ser quien cuida, teje y sostiene la vida con otros. Y tal vez, en ese acto silencioso pero profundo, se está gestando no sólo otra forma de educar, sino otra manera de seguir siendo humanos y respetuosos con la Madre Tierra.
Confluence/Confluencia
Una colaboración de Weave News y Talking Wings para tejer la voces de guardianes de ríos de todo el mundo.